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  1. Civilcinema.cl » Enter the Void (2009): una ultratumba vacía y colorinche →

    Los avances técnicos, el conocimiento logrado por la civilización y la ambición artística han hecho posible que en este último tiempo hayan surgido no pocas películas movidas por la ambición de juntar lo radicalmente distinto y ponerlo en un mismo plano amplio y omnicomprensivo. Como lo hicieron antes Kubrick y Tarkovsky. Los desaparecidos y las estrellas en Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, 2010); el big bang, los dinosaurios y una historia familiar en El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011); la conciencia de los vivos y de los muertos en Enter the Void. Todas estas cintas forman parte de una tendencia que –en paralelo a la megacrisis actual del capitalismo– intenta hacerse las grandes preguntas que reaparecen cuando los sólidos supuestos se desvanecen en el aire. La diferencia es que la de Noé no es exactamente una reflexión sino más bien una experiencia; una no demasiado buena, podríamos decir, pero que merece el beneficio de la duda al menos por su rareza y por las posibilidades cinematográficas que ilumina. Aunque sea desde el exceso.

    hace 1 mes  /  Notas