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gonzalo león: (M)edítalo →
En Buenos Aires conozco una editorial que lleva más de diez años, con decenas de títulos. Carece de imprenta off set y de impresora láser; en vez de eso cuenta con una fotocopiadora. Así y todo se ha encargado de contar en su catálogo con escritores como César Aira, Daniel Link, Sergio Bizzio y muchos más. La editorial se llama Belleza y Felicidad, y sus editoras, Cecilia Pavón y Fernanda Laguna, han mantenido el espíritu en alto pese a todo. Sus libros además, al ser fotocopias, son muy baratos, por lo que las ganancias son pocas. Imponer un modelo de negocios (aunque suene ridículo, todo sello independiente posee uno) o los mismos objetivos para estas editoriales es un despropósito, porque la gracia está precisamente en lo contrario: la variedad de propuestas, de modelos de negocios, de objetivos. Conozco algunas que no van a librerías, otras como Blatt & Ríos que mezclan la edición en papel y la digital, otras que sólo publican poesía, otras que van por la poesía y el ensayo, y las menos que van por todo como Mansalva. La mayoría, sino todas, han creado su nicho, algo que por lo general las diferencia del resto. Pero hay una cosa que creo que no hay que hacer: renunciar al catálogo propio.